Diseñocracia: ¿podemos diseñar para los acuerdos que necesitamos en Chile?

Por Cristóbal Avendaño Zañartu

 

Noticias del reino animal–

Un reciente estudio ha descubierto que los elefantes africanos usan nombres propios para diferenciarse entre sí. Un sonido o vocalización particular para cada individuo de la manada. Una etiqueta, un identificador. Esto lo convertiría en el primer animal (conocido) que, además de los humanos, recurre a un sistema de comunicación creado a partir de un acuerdo social.

Qué animales inteligentes los paquidermos. 

Esa convención que compartimos ambas especies permite construir estructuras familiares y sociales complejas. El hecho aparentemente trivial de tener un nombre establece simultáneamente límites y puentes; es expresión de autonomía e intención de cooperación. 

Un nombre es, entonces, una herramienta.

A modo de protesta, Prince Rogers Nelson, aka Prince, reemplazó su nombre por un símbolo. Por excentricidad o marketing, Elon Musk llamó a uno de sus hijos X Æ A-12. Quizás menos ocurrentes aunque muy comunes y criollos son los apodos de Chico, Flaco, Pelao, Guatón. La manada haciendo la pega: individualidad y pertenencia, aliño y cazuela.

Los nombres del diseño–

La raíz del diseño –de la palabra diseño– está en su capacidad de señalar mediante un signo. De ‘designar’. Surge en la necesidad de que muchos compartan la interpretación de algo específico por sobre otras tantas posibles, para poder encontrarse en la misma página y modelar algo juntos. El diseño organiza y sistematiza elementos dispersos y complejos para hacerlos visibles, tangibles, estableciendo órdenes, jerarquías y obtener funcionalidad, eficacia, rentabilidad, sostenibilidad… Reúne piezas, las conecta y las hace funcionar como sistema integrado e integrador.

Como diseñadores, adoptamos constantemente ese enfoque articulador. Sabemos cómo crear nombres e imágenes, interfaces y sistemas para lograr visiones compartidas y trabajo coordinado. Esto es condición no solo para todo proyecto de diseño, sino también para un desarrollo humano sostenible.

Y ahí está el asunto.

Las fuerzas que van construyendo el futuro del país tienen dificultades para encontrarse en sus dialectos, en su forma de entender el mundo. Un gran puzzle donde las piezas son de cajas diferentes.

¿Podría el reciente proceso constituyente haber tenido otro final si hubiese contado con el apoyo de metodologías y herramientas de diseño?

¿Sería posible incorporar esa forma de hacer en las futuras y urgentes discusiones políticas y legislativas en busca de los acuerdos que produzcan cambios?

Desde el ámbito privado, público, académico, o quizás en la instancia gremial como pivote de todas estas esferas, el diseño podría abrir nuevas oportunidades para una sociedad compleja; tan diversa como dinámica.

El potencial para influir positivamente en los procesos políticos y democráticos de nuestro país es también evidencia de la capacidad del diseño para impulsar el bienestar y el desarrollo. Una verdad del porte de una catedral o, por lo menos, de un elefante.


Cristóbal es especialista en diseño de comunicación para la complejidad. 
Consultor, socio fundador de Visualógica y profesor en DiseñoUC.
 
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